
Dos caminos, una sola luz
Trabajábamos juntos desde hacía años. Nos cruzamos en los mismos pasillos, compartimos reuniones, proyectos… y un día, sin aviso ni razón aparente, empezamos a vernos con ojos completamente distintos. Como si Dios hubiera encendido una luz que siempre estuvo ahí, esperando el momento exacto que Él había preparado.
Cuando nos dimos nuestro primer beso, todo quedó dicho sin palabras. Desde ese instante, ninguno volvió a ser el mismo. El amor creció tan rápido y tan profundo que pronto entendimos algo muy sencillo: ya no queríamos pasar ni un día más sin el otro.
Cartagena no es solo un destino hermoso para nosotros. Es el lugar donde Andrés le pidió matrimonio a Stefanny. Donde, entre la luz del Caribe y el sonido del mar, se sellaron las palabras que cambiaron sus vidas para siempre. Volver aquí a casarnos no es coincidencia — es el lugar que Dios nos eligió.
Esta boda es pequeña por diseño. Solo están aquí las personas que realmente importan. Si tienes esta invitación en tus manos, no es por protocolo — es porque eres parte de nuestra historia y de nuestra vida. Gracias por ser de los nuestros.
El encuentro
El primer beso
La propuesta
30 · 31 Mayo
LO QUE VIENE
Desde que somos novios, Dios nos ha regalado una vida llena de aventura, familia y fe. Y esto apenas comienza.
Viajar juntos nos ha enseñado que cada cultura, cada ciudad y cada amanecer en un lugar nuevo es un regalo de Dios. Seguiremos recorriendo el mundo de la mano, con la maleta lista y el corazón abierto.
Nuestra fe es el centro de todo. Lo que más queremos como pareja es seguir creciendo en el Señor, que nuestra unión sea un testimonio vivo de Su amor y Su gracia en cada etapa de la vida.
Soñamos con hijos, con una mesa grande y llena de risas, con enseñarles desde pequeños a amar a Dios y a ver el mundo con curiosidad y gratitud. La familia que Dios ponga en nuestros brazos será perfecta.
Cada viaje nos ha unido más. Cada desafío ha fortalecido nuestra unión. Y a quienes nos rodean y aman —ustedes, presentes hoy— los llevamos siempre en el corazón, sin importar la distancia.
ECLESIASTÉS 4:12
"Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto."
Dos enamorados, y Dios en el centro. Un cordón que nada rompe.